La ciudad subterránea de Hamás

Franja de Gaza.

 

El pasado 17 de julio, varios días después del comienzo de la operación militar sobre Gaza, varios militantes de las brigadas de Al Qassam se introducían en uno de sus túneles subterráneos. El pasadizo conectaba el este de la Franja con la zona sur de Israel. De madrugada, trece de ellos salían en un área cercana al Kibutz Sufa, una pequeña población de 150 israelíes. Arrastrándose sobre el suelo, los militantes sorprendían a las tropas hebreas que rápidamente abría fuego contra el grupo de combatientes. Al menos uno de ellos caía en el ataque, pero la mayoría logró volver a rastras hasta la entrada del pasadizo y retornar apresuradamente a la Franja.


El enfrentamiento pilló por sorpresa a las tropas del ejército y fue el detonante que desencadenó la incursión terrestre sobre Gaza. Tras bombardear duramente las cercanías del túnel, procedieron a desalojar todos los pueblos de la frontera. El pánico corrió entre la sociedad israelí al hallar otro de esos túneles a 200 metros de un jardín de infancia. “Hemos instruido a las Fuerzas Armadas para comenzar esta noche nuestra operación terrestre y terminar con los túneles del terror”, afirmaba el comunicado oficial del ejército. Pero el elevado número y sofisticación de los 32 túneles descubiertos hasta el momento inquieta al ejército hebreo que llega a declarar que, “no sabemos si será posible destruir el 100% de los túneles”, decía Roni Kaplan a El Confidencial.


El misterio de los túneles

 

Entre la población de Gaza, la existencia de una red infinita bajo tierra es un secreto conocido por todos. “Existe una Gaza debajo de Gaza”, cuenta Khaled, un conductor de taxi palestino. Él apunta que no sólo se han construido túneles en las cercanías a la frontera con Israel, sino que existe todo entramado de calles subterráneas en la Franja. “Pero nosotros, la población civil, no sabemos nada”, asegura. “No hay comunicación entre la gente corriente y los miembros de la resistencia”.


“Yo he ido en un túnel desde una calle del centro de Gaza Ciudad hasta el norte”, cuenta Bilal, un joven palestino. “Ahí abajo hay dormitorios, habitaciones, aire acondicionado y almacenes con cualquier cosa que necesites”, dice.  “Normalmente tienen una profundidad de 20 metros, son auténticos búnkeres”, explica. Según cuenta, cada uno requiere al menos dos años de trabajo, que normalmente se realizan sin la ayuda de escavadoras y cuestan una media de tres millones de dólares cada uno. La mayoría de ellos tienen entradas cubiertas, dentro de casas o de edificios.


“Durante algunas noches la policía de Hamás coloca checkpoints en varias calles”, cuenta Hasna, una joven de Gaza. “Todos sabemos que los controles son para proteger la construcción de túneles, para que nadie lo vea y para controlar que no hay ningún informador de Israel en la calle que vigile las excavaciones”. En Gaza, hay quien comenta que a algunas familias se les ha hundido el baño algún día, o alguna habitación de la casa. Pero nadie puede decir nada, tras un par de llamadas, vienen unos hombres que lo reparan y se marchan.  


Resistencia bajo tierra


Durante la última década, la resistencia en Gaza ha ganado experiencia en sus movimientos bajo tierra. Al principio, la construcción de túneles se centró en el paso de armamento desde Egipto pero, tras la imposición del bloqueo, el número de pasadizos se disparó para introducir productos de todo tipo, alimentos y materiales. Sin embargo, desde el año 2006, los palestinos excavaron uno de esos túneles para asaltar un puesto fronterizo israelí. Así, llevaron a cabo su primera operación con éxito y secuestraron al soldado Guilad Schalit, con el que se logró la liberación de 1.000 prisioneros palestinos. Desde entonces, hay tres tipos de túneles en Gaza, aquéllos construidos en la frontera con Egipto; los túneles de ataque, que rodean la frontera con Israel y cuya misión es infiltrarse para realizar secuestros o realizar asaltos a las tropas israelíes; pero la resistencia de Gaza también ha elaborado una extensa red de túneles bajo las poblaciones destinada a refugiar a los principales líderes de Hamás, las brigadas de Al Qassam, la Yihad Islámica u otras brigadas de combatientes.


Las milicias copiaron este método del grupo chií Hezbollah, quienes hicieron uso de ellos en su lucha contra la ocupación israelí en el sur del Líbano. Su estructura permitía a los combatientes lanzar morteros contra los soldados y retroceder a través de los pasadizos subterráneos. “Tenemos miles de luchadores de la resistencia trabajando bajo tierra”, dijo Ismail Haniyeh, uno de los líderes de Hamás, a principios de año, “nadie puede imaginar de lo que es capaz la resistencia para atacar a los ocupantes”. Este método permite a los palestinos operar con libertad, fabricar armamento y preparar su estrategia, ya que el exterior es continuamente controlado por drones y por espías israelíes.


Quienes han visitado los búnkeres de refugio aseguran que existe una verdadera ciudad bajo tierra, zonas de dormitorios, cocinas y auténticas casas donde se cree que podrían estar ahora escondidos los líderes de Hamás. Algunos analistas apuntan a que es precisamente en uno de estos refugios donde podría estar oculto Ismail Haniyeh, el hombre más buscado por los israelíes. Pero sobretodo, la red subterránea de Gaza ha supuesto un progreso en las técnicas. La entrada de ingenieros iraníes que han enseñado a fabricar misiles de mejor calidad, como el cohete M75, de íntegra fabricación en Gaza. O la llegada de miembros de Hezbollah, quienes han entrenado a los milicianos y enseñado nuevas efectivas técnicas más efectivas de ataque.


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