El regreso de los malvados de Egipto

El Cairo, Egipto

 

Para más de uno, el magnate del acero Ahmed Ezz personificó mejor que nadie la corrupción política y económica durante los años de Mubarak. Enfundado en sus caros trajes italianos, rodeado de guardaespaldas y alojado en la mejor suite del hotel Four Seasons de El Cairo, el señor Ezz fue uno de los altos cargos del Partido Nacional Democrático. Su amistad con el hijo del presidente le ayudó a monopolizar la industria del acero y consiguió que su compañía Ezz Steel abarcara dos tercios del sector. Los años dorados en el Parlamento le ayudaron a amasar una fortuna de más de cuatro millones de euros.

El partido NDP (por sus siglas en inglés), que gobernó Egipto durante más de tres décadas, fue considerado por los medios como “un grupo de individuos con intereses financieros enmascarado en una organización política”. El estilo de vida de los amigos de Mubarak se caracterizada por grandes mansiones en el mar rojo, coches Mercedes-Benz del último modelo y matrimonios millonarios entre miembros de la cámara. La corrupción política multiplicó las ganancias de los hombres del partido. El ministro de petróleo, Sameh Fahmy, se enriqueció al vender gas a Israel por un precio ridículamente bajo, un acuerdo que le costó al país 715 millones de dólares; el de vivienda, Al Maghraby, comerció con tierras del Estado; Boutris Ghali, el titular de finanzas, malversó con fondos públicos; y el de interior, Al Adly, lavó cantidades millonarias.

Pero el contagio de las revueltas árabes en el año 2011 sacudieron el régimen del país. La salida de Mubarak trajo consigo la estampida de los “amigos” del presidente. La imagen de una masa de gente enfurecida saqueando y prendiendo fuego al edificio del NDP parecía poner punto y final a décadas de corrupción. En abril de ese mismo año, un tribunal disolvía el que hasta entonces había sido el emblema del poder en Egipto, el Partido Nacional Democrático. Hombres de negocios y Ministros eran detenidos y juzgados por múltiples cargos de corrupción. El país entero presenció cómo sus gobernantes ingresaban en prisión y parte de sus propiedades eran confiscadas por el Estado.

“Volveré al Parlamento”

Desde su lujoso piso a las orillas del Nilo, en el exclusivo barrio de Zamalek, el señor Hesham Mustafa Jalil recuerda los “buenos años de Mubarak”. Hesham pertenece a la alta casta política, su padre fue vicepresidente del partido hasta el año 2007 y primer ministro a finales de los 70. Un imponente retrato preside el recibidor, las paredes del salón muestran los aires coloniales del siglo pasado, candelabros dorados, sofás de anticuario y una tremenda lámpara de araña. Cuatro sirvientes uniformados caminan por el hall y acuden cuando Hesham les llama con un mando a distancia. Sin embargo el lugar denota cierta nostalgia, sobre la mesa lucen varias fotografías en compañía de Mubarak.

Vestido con una elegante camisa, el pelo peinado hacia atrás y unos modales impecables, Hesham es una de las “viejas guardias” del partido que, después de pasar tres años en la sombra, amenaza con volver a la política en las próximas elecciones parlamentarias. Desde el año 20005, ganó en dos ocasiones su candidatura por el barrio del centro Kasr el Nil y, al echar la vista atrás, reconoce las prácticas corruptas de otros camaradas, “venta de propiedades públicas a empresas extranjeras”, “expropiación a trabajadores para la obtención de terrenos”, “privatizaciones masivas”, explica a El Confidencial. Sin embargo, él no se vio envuelto en ningún caso judicial y no duda en defender la labor de Mubarak, “él hacía lo que era correcto”, cuenta. Pero hace a penas unos días que el antiguo Rais ha recibido sentencia, tres años de cárcel por reformar varias de sus mansiones con fondos del Estado. “Estoy muy triste por ello”, cuenta Hesham, “pero no dudo en que apelará y volverá a salir inocente”. Con un inglés perfecto, espeta, “la revolución es lo peor que le pudo pasar a Egipto”.

Pero a principios de este mes un tribunal de El Cairo prohibió a los antiguos miembros del NDP participar en las elecciones presidenciales o parlamentarias. “Esta resolución es inconstitucional, pura propaganda”, exclama Hesham, “yo ya he apelado”. Aún así, dice que no le impedirá presentarse como candidato independiente a los nuevos comicios, sobre las que no se ha fijado la fecha. ¿Su programa político? El propio de la elite empresarial: nuevos proyectos de inversión y reestructuración de empresas públicas. Su plan para la educación es claro: “El mejor sistema es que viajen a estudiar al extranjero, crear una elite que luego dirija el país. Una reforma profunda costaría demasiado tiempo”, asegura. “Ahora la seguridad es el problema principal”, explica, la creación de un programa para luchar contra los “terroristas”.

El lobby “fulul”

Y es que tres años después del furor de la revolución, Egipto intenta recuperarse de una dura crisis económica y política. El nuevo gobierno respaldado por los militares podría necesitar el dinero y la experiencia política de los fulul (término para denominar a la oligarquía del NDP). Es por esto que durante los últimos meses las antiguas figuras del partido han reaparecido. Por ejemplo, el pasado mes de enero, el ex portavoz de la cámara, Fathy Sorror, acusado por varios casos de corrupción, se dedicó a dar charlas para promover el voto del Sí en el referéndum constitucional. Varios periódicos pro ejército comenzaron a publicar editoriales favorables al lobby fulul. Incluso, la ex mujer de Ahmed Ezz, Shahinaz Al Naggar, también ex parlamentaria, se animó a presentar un show de televisión.

Pero sin duda, uno de los movimientos más llamativos ha sido los “pactos de reconciliación” ya que algunas de las fortunas que arruinaron el país durante décadas podrían volver a El Cairo. Este fue el caso del millonario fugitivo Husein Salem, quien huyó apresuradamente a Mallorca durante los días de levantamiento en Tahrir. Un tribunal egipcio condenó a Salem in absentia a 37 años de cárcel por varios cargos, entre ellos, apropiación de tierras del Estado o ganas una fortuna al haber vendido gas a Israel por debajo del precio del mercado. A principios de año, el millonario de Sharm el Sheikh llamó a un programa de la CBC para ofrecer un “pacto amigable” al gobierno, una inversión turística de 3.6 millones de dólares a cambio de la liberación de todos sus cargos. El gobierno respondió favorablemente a la llamada y aseguró que “están abiertos a todos los empresarios honorables y sus bien intencionadas iniciativas”.

De la mano del General

Mahmoud Nafady llega a la cita ondeando una bandera del general Al Sisi, el candidato favorito a la carrera presidencial. “¡Sisi, Sisi!”, canta mientras se hace una foto con un par de mujeres. Nafady se enroló en el NDP desde su creación en 1979 y, desde entonces, se ha mantenido activo políticamente. A principios de año creó una coalición llamada “Nosotros somos el pueblo” para preparar la vuelta de los fulul a la escena política. Una organización formada por 270 antiguos parlamentarios del NDP. “Nuestra intención principal es formar un frente con candidatos para las elecciones y así luchar contra los islamistas en el Parlamento”, dice a El Confidencial. La cámara actual (600 asientos) beneficia a los candidatos independientes, que contarán con el 80% de los asientos. Según varios analistas, esto favorecerá la vuelta de los antiguos de Mubarak.

Pero Nafady no es el único, al menos ocho organizaciones como “El partido libre egipcio”, fundado por el millonario Sawiris, “Egipto es mi país” o “El movimiento Nacional egipcio”, son algunas de las recientes coaliciones que reúnen a simpatizantes del NDP con el objetivo claro de luchar por la mayoría en el Parlamento. Todos ellos han mostrado abiertamente su apoyo a Al Sisi en las elecciones porque, como dice Safwat Al Nahass, fundador de “Egipto es mi país”, “apoyará unas políticas liberales y ayudará a frenar a los Hermanos Musulmanes”, explica a este diario.

Sin embargo, algunos analistas políticos, como Mahmoud Salem, creen que “el apoyo a Sisi es una simple estrategia para ganar rédito político” ya que los fulul siempre han pensado que “la intromisión de los militares en la política ha tenido resultados desastrosos en materia económica”. Según cuenta, el objetivo de este grupo es la estabilidad para cometer medidas a favor de sus intereses económicos. “Han preparado una estrategia clara”, cuenta Salem, “en el momento en el que la población compruebe que Sisi no puede conseguir sus expectativas (…) los fulul utilizarán la presión popular para forzar a los militares a abandonar”. Pero la crisis política, marcada por una voraz persecución a los Hermanos Musulmanes y por el arresto de los líderes revolucionarios, no deja a los militares otro aliado posible que el gran lobby egipcio del NDP, cuya vuelta a la política parece inevitable.


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