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Middle East

El periplo de los ciudadanos europeos que emigraron a las tierras del Califato merece una reflexión. Este proyecto analiza las motivaciones y biografías de estas personas así como el entorno jurídico, político, policial y diplomático que determinará el proceso de retorno a territorio europeo. Un estudio en diferentes países a través de entrevistas con los yihadistas europeos.

BAGHDAD—There was no other way out. After months under siege in the Syrian city of Raqqa, the Belgian Islamic State member Bilal al-Marchohi decided to escape. He fled his post as a religious police officer at the break of dawn on August 29, 2017, and ran with his wife and son to the closest enemy checkpoint. With his arms up, he handed himself over to the Kurdish militants in the hope of eventually being repatriated to Belgium. The family was immediately separated, and his spouse and child were transferred to a nearby Islamic State relatives camp.

Los cuatro niños corretean alegremente entre las masa oscura de abayas -traje largo islámico-, en el sofocante calor que se concentra dentro de la carpa común, mientras su madre, la yihadista española Yolanda Martínez, espera impaciente a que le asignen una tienda individual.

Desde hace semanas se aloja en el área de nuevos ingresos en el campamento sirio de Roj, una de las localizaciones de detención para las esposas e hijos de combatientes de ISIS. "Hemos llegado a los 50 grados... mi hija pequeña de 6 años y mi bebé de 5 meses tienen quemaduras de segundo grado", se queja Martínez, de 34 años, en una entrevista exclusiva para El Confidencial.

El periplo hacia la yihad no es un camino de ida y vuelta. La emigración al Califato y la afiliación a una agrupación terrorista es una decisión irreversible con un fatídico final. Algunos desplazados desaparecen, otros mueren en combate o en un bombardeo, y solo unos pocos regresan a sus países detenidos. La caída del último bastión del ISIS en Baghouz ha desvelado a los más extremos fieles del grupo yihadista. Hasta 60.000 hombres, mujeres y niños de distintas nacionalidades cuya identidad, con el trabajo de las autoridades kurdas, va siendo revelada.

Los guardas trasladan al preso yihadista hasta una dependencia externa en Rumeilán para ser entrevistado sin que se desvelen las condiciones de su encarcelamiento. “Siéntate aquí”, le ordenan. Todavía tiene la cabeza cubierta por un pedazo de tela negra. Al descubrirse, Abu Zeinab revela un rostro agotado, secuela de un año como prisionero de guerra. Su cabello y barba recortados nada tienen que ver con la lozanía que lucía en los vídeos de propaganda de Daesh (acrónimo árabe del ISIS). Viste camiseta y pantalones hasta el tobillo, de acuerdo con los más estrictos preceptos salafistas. “Siempre creímos que esta era una causa noble”, dice con la mirada perdida, “que nuestro deber era venir aquí para matar a Bachar el Asad porque estaba asesinando musulmanes”.

Durante la guerra Siria, más de 200 españoles se unieron al contingente de 40.000 militantes extranjeros que combatieron en Siria e Irak bajo la bandera del Estado Islámico. Ahora que el conflicto toca a su fin, la cuestión de qué hacer con los cientos de yihadistas europeos que cayeron presos luchando por la causa del Califato plantea un incómodo dilema a la Unión Europea. Incluyendo España.

Bajo una extensa carpa de lona y estructura metálica, la yihadista española Yolanda Martínez se desespera en el precario campamento sirio de Roj, donde están recluidas —en un limbo legal y ético— las esposas e hijos de militantes del ISIS. Espera desde hace meses noticias de su esposo. "No sé dónde está, siempre les pregunto y nunca me contestan", se lamenta. "El miedo que yo tengo es que lo hayan trasladado a Irak". Un temor que podría hacerse realidad en las próximas semanas.

Al menos 57 yihadistas de nacionalidad o residencia española presos en Siria podrían ser trasladados de forma inminente a Bagdad, donde serían juzgados bajo la legislación iraquí, que condena el terrorismo con la horca o la cadena perpetua, según reveló una fuente cercana a las fuerzas de seguridad iraquíes a El Confidencial.

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Shamima Begum se unió al Estado Islámico cuando era una adolescente. Ella y dos amigas del instituto Bethnal Green planearon en secreto su viaje a Turquía para eventualmente cruzar las fronteras del Califato. La joven británica ha permanecido en el reducto yihadista en Siria hasta el final, ahora ha sido trasladada a los campamentos de detención. Es ahí, en este remoto lugar del norte de Siria, donde los periodistas le han comunicado que ha perdido la nacionalidad. También es ahí desde donde Shamima ha pedido clemencia al Gobierno británico.

A la venta mi libro "Refugiados. Aproximación desde la vida dañada", de la colección Ensayo de La Huerta Grande.

Tres recorridos íntimos junto a tres refugiados. Letras sobre el sufrimiento, la desesperación, la injusticia, pero también sobre la esperanza, la casualidad y el irrefrenable instinto de supervivencia... Aunque antes de desvelaros nada, me gustaría haceros una advertencia:

El ultimátum de Donald Trump a la UE ha sido, en realidad, el colofón a dos años de desacuerdos entre Europa y Estados Unidos. Desde las primeras detenciones de combatientes extranjeros del Estado Islámico, Washington inició contactos diplomáticos para agilizar los procesos de extradición y encontrar una solución a la cuota más importante de presos yihadistas con pasaporte europeo. Las tropas estadounidenses en Siria lideran la presencia de la Coalición Internacional contra el ISIS, por lo que EEUU ha sido hasta ahora el país que ha sufragado las capturas: los gastos de los presos, la renovación de las cárceles -para las que Washington ha aportado 1,6 millones de dólares- o los campamentos de detención.

Ante la escasa respuesta de Europa, el Ejército de EEUU organizó un viaje para exponer el tema ante la opinión pública. Invitó a medios de comunicación...

Reportajes:

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